
Como la lluvia que cae ahora mismo ahí fuera.
Empezó suave y lentamente.
Me quedé.
Absorbiendo el olor del jazmín de Invierno.
Mis hombros se empaparan, y lentamente tocó la piel, imprimiendo finas líneas líquidas en mi espalda.
Sentí como era fría cuando se apoderó de mis huesos, de mi carne, de mi sangre, hasta llegar, helada, al órgano que bombea todo el cuerpo.
La soledad es algo similar.
Cata (una mujer sabia que consigue escuchar) me dijo una vez que la lluvia era liberadora, que tenía el poder de regenerar.
Quizás sea cierto.
Quizás, solo la soledad se encarga de reponer fuerza, cuando el cansancio se adueña de todo.
Como esa lluvia, que despacio, muy despacio , repone agua en lo que se ha secado.