
A veces, el miedo a no poder retener un globo, hace con que tus dedos lo suelten.
O, en otras palabras, profecía auto-cumplida.

“Instalei-me numa espécie de doce fracasso, de tristeza habituada aos sonhos impossíveis e fiz disso o meu próprio inferno e meu íntimo paraíso: assim, a meio do caminho, eu não tenho já um destino para te oferecer, nem tu terias a fraqueza de aceitá-lo”.
Como se borra la memoria?
Donde irá toda la emoción que no llega a su destinatario?
Servirá para algo, una emoción intensa y que no llega a quien es dirigida?
Quedará acumulada en cualquier punto de la estratopausa?
Dicen que el aire caliente sube.
Algún porcentaje quedará dentro de nosotros, y después?
Pasará lo mismo que a los pétalos de las flores que secan o se pudren?
Entre risas y cabellos, Laura y yo escuchamos Ramones ("A TRIBUTE TO" -We´re a happy family) bailando descalzas por todo el piso.
Decido que me quedaré aquí en la estratopausa, donde ninguna mirada me volverá a robar el alma.

Descubrí, que apartando la capa del miedo a un lado, y la de lo que a mi me gustaría que fuera la realidad (ya, ahí viene la palabra…) a otro, en el medio queda algo muy racional, o sensorial(¿).
Aún más en el centro hay otro instrumento que por veces no sé utilizar: la intuición.
Las señales que capto en los demás y me permiten llegar a información sobre el otro.
Para que sirve? Para poder entender y comunicar mejor, supongo.
Creo que, definitivamente, me quedo con la intuición. Talvez porque el racional me acaba empujando a una falsa protección, buscando la seguridad de aquello que controlo. No arriesgando nada…
El miedo y la imaginación, son, muchas veces, lo que me impide transmitir lo que realmente me gustaría.
Hace poco, he huído, literalmente, de algo que quiero tener cerca.
Imbécil no? Bueno, lo estoy pagando…