
Y cuando esos malditos autobuses se fueran con vosotros dentro, la ciudad se ha reducido al tamaño de un guisante triste. Empecé a echaros de menos en ese mismo instante.
Ya no tengo miedo.Voy a saltar, y no importa que no tenga alas.
Las princesas guerreras no las tienen y me gusta nadar, no sé volar.
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